Hace muchísimo
tiempo, para ser más específicos, en la época de la Edad Media y
en algún pequeño Imperio del occidente, existían un par de amigos.
Sus nombres eran Elric y Aloys, ambos burgueses no privilegiados en
el sistema feudal. El primero se trataba de un hombre tranquilo, era
del tipo que persona que perfectamente podría pasar desapercibida la
mayor parte del tiempo pero, en el fondo, tenía cierto interés por
temas de los que en el momento “no era bueno hablar”. Aloys era
todo lo contrario, era un hombre presumido, arrogante, altivo y con
una lengua bastante grosera, aun así ambos llevaban años de amistad
y compartían con confianza sus ideas.
Aloys y Elric buscaban romper con lo
que era considerado morbo y disfrutaban de decir las cosas como eran
pero sus personalidades les hacían seguir una ruta diferente a la
del otro. Si bien la economía estaba llegando a su mejor momento, a
ninguno de ellos les interesaban estos otros temas, se centraban en
aquello que les era prohibido.
Lo que había comenzado como un
proyecto de investigación sugerido por Elric acerca de la monarquía,
la cultura, las hambrunas, las enfermedades y el agotamiento de las
tierras de cultivo; comenzó a hacer ruido en la monarquía debido a
las masas atraídas ansiosas por una verdad que les era vilmente
recluida, mas aquello no hubiese sucedido de esa forma tan
escandalosa si Aloys hubiese guardado aquellas normas impuestas por
Elric por el bien de la gente que les seguía y de ellos mismos, sin
embargo; Aloys sediento de atención y como el presumido que era, no
había dudado en difundir los resultados de su investigación por
cuanto medio se pudo y, los demás campesinos, burgueses y artesanos
claramente afectados por sus palabras comenzaron a alborotarse. De
seguro el Rey se preguntaba cómo era que simples no privilegiados
sin importancia alguna podían conocer de esa manera los problemas
con los que el sistema feudal intentaba lidiar de manera inútil.
Definitivamente no le convenía al rey que se creara una rebelión
por lo que se propuso cortar el problema de raíz capturando a los
responsables de semejante alboroto.
Ambos amigos, hasta ahora confundidos
de cómo podría haber llegado su investigación a llevarlos tan
rápidamente a ese punto en el cual sus cabezas corrían riesgo de
ser ejecutadas, sintieron miedo, se sintieron enclaustrados en aquel
lugar, en él no podían expresar lo que querían y era necesario.
Como burgueses entendían el valor de los objetos y también el
actuar según la conveniencia de uno pero jamás habían estado en
una situación parecida, jamás les había afectado de manera
directa. Ahora, se encontraban asfixiados por el problema sin
solución factible alguna.
En poco tiempo se decidió su
sentencia, Elric, por haber sido el autor intelectual, fue condenado
a muerte y Aloys, por seguirle en aquella loca aventura, fue
sentenciado a pasar el resto de su vida en los calabozos. Se dice que
el resto de sus días, que pasó en aquella celda no hubo día en el
cual no recordara y se lamentara el haber sido tan presumido,
sintiéndose responsable y único culpable por la muerte de su más
querido amigo, ya que había difundido la información sin pensar en
nadie más, sólo en su persona.